Mindfulness: ¿Qué es y para qué sirve?

Business man relax in a park lotus position

 

Mindfulness, traducido al castellano como “Atención Plena”, es una herramienta proveniente de la Meditación Budista, que fue integrada a Occidente y al estudio científico desde la Psiquiatría por el médico estadounidense Jon Kabat Zinn, tras haber trabajado con diversos Maestros Budistas. En 1979 fundó en la Universidad de Massachusetts una clínica para la reducción del estrés y desarrolló un programa orientado al mismo objetivo. Con el pasar del tiempo esta herramienta ha ido tomando cada vez más relevancia, debido a la constatación de los múltiples beneficios que tiene esta práctica en diferentes problemáticas, personas y contextos. En la actualidad existen muchos estudios neurocientíficos que avalan plenamente los beneficios de la práctica constante y sostenida de la atención plena.

Jon Kabat Zinn define “mindfulness” como “el arte de vivir de manera consciente”, aclarando que se trata de una práctica secular que no entra en conflicto con la ciencia ni con la religión.  También lo describe como “La capacidad de estar en una relación sabia y significativa con nuestra experiencia, tanto interna como externa, con uno mismo y con los otros”, considerando que esa capacidad de conciencia alerta (“awareness”) es innata en el ser humano.

 

Mindfulness consiste en centrarse en el momento presente, de forma activa y deliberada, siendo consciente de lo que se está haciendo, sintiendo o pensando. Constituye una práctica en la que intenta prestar atención y observar sin emitir juicios y sin pretender controlar, aceptando la experiencia tal como se nos presenta.

 

Se requiere una actitud abierta y curiosa, condición que puede definirse como “mente de principiante”, como la de un niño que lo percibe todo por primera vez. Sólo de este modo podemos acceder a nuestra experiencia inmediata, aceptándola sin realizar valoraciones, con independencia de su valor positivo o negativo, de lo agradable o desagradable que puede ser y sin controlarla ni reducirla a definiciones.

Se requiere aclarar que, en ningún caso se trata de “poner la mente en blanco”, pues eso es imposible, ya que los pensamientos siempre están asaltando la mente. Consiste en centrarse en el presente, siendo consciente de los pensamientos pero sin dejarnos llevar por ellos. Esto nos permitirá observar “la realidad” con mayor claridad evitando que la mente divague en fantasías o que la experiencia se enmarque dentro de nuestros esquemas habituales de pensamiento. De esta manera podemos vislumbrar una salida del patrón psicológico a través del cual rechazamos todo aquello que no nos gusta intentando evitar el malestar, o nos dejamos llevar por el deseo ciego orientado hacia aquello que queremos lograr u obtener; ambas fuentes de ansiedad y frustración.

 

Con Mindfulness no se busca el control directo de las emociones y sensaciones, sino más bien experimentarlas tal como ocurren, comprendiendo el devenir natural de las cosas y siendo conscientes de cómo todo cambia de manera permanente (ley de la impermanencia). Nos permite echar a andar los mecanismos de regulación emocional y fisiológica de manera indirecta, a partir de la experimentación de estas mismas en un espacio de claridad y apertura.

 

La atención plena puede ser practicada en un contexto formal, mediante la meditación (sentado, en movimiento, exploración corporal, etc.) o de manera informal, en las actividades cotidianas; por lo que puede adaptarse a las necesidades y a la disponibilidad de tiempo del mundo moderno.

Las neurociencias han demostrado que, debido a la “plasticidad cerebral”, es posible establecer que la práctica constante y sostenida de la meditación de Atención Plena, genera cambios en la estructura cerebral. Se ha comprobado además que Mindfulness tiene efectos positivos en diferentes áreas.

 

  • Disminuye la ansiedad.
  • Activa zonas del cerebro relacionadas con el bienestar.
  • Aumenta la capacidad de concentración y memoria.
  • Contribuye a mantener el equilibrio emocional y el foco mental en situaciones desafiantes.
  • Permite una mayor claridad en la toma de decisiones y una mayor creatividad en la resolución de conflictos.
  • Aumenta la calidad de las relaciones interpersonales.
  • Ayuda a manejar positivamente las emociones.
  • Disminuye el estrés y aumenta la capacidad de gestionar situaciones estresantes.
  • Crea y sostiene hábitos saludables.
  • Aumenta la conciencia corporal, disminuyendo las contracturas y permitiendo evitar lesiones y accidentes.
  • Minimiza el ausentismo laboral.
  • Mejora la comunicación.
  • Aumenta la motivación.
  • Aumenta la satisfacción personal y la calidad de vida.

La atención plena está siendo utilizada en el ámbito clínico para manejar el dolor crónico y para tratar afecciones psicológicas y psiquiátricas, entre otros. También está siendo ampliamente utilizada como técnica de autocuidado para personas sometidas a altos niveles de estrés y con riesgo de burnout y, a nivel empresarial para aumentar el grado de satisfacción de los trabajadores, aumentar el rendimiento, mejorar el clima laboral, etc. mindfulness-feature

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PRÁCTICA TERAPÉUTICA PARA UN FIN DE AÑO REFLEXIVO Y SANADOR

 

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El año nuevo se acerca a pasos agigantados y eso tiende a ponernos más reflexivos. Las personas suelen sentirse ansiosas porque se acabe el año para comenzar con un nuevo ciclo, sintiendo que, de alguna manera las cosas van a cambiar. Y, si bien hay quienes critican estas actitudes argumentando que se trata sólo de un día más y que tras el año nuevo todo sigue igual, puede resultar positivo tomar esta fecha como un hito que marca el final de una etapa y el principio de otra.

Puesto que en el mundo occidental nos regimos por el calendario gregoriano, el 1 de Enero, es la fecha que a la mayoría nos convoca a celebrar para despedir el año que se va y dar la bienvenida al que viene. La energía entra en una frecuencia especial, pues somos muchas las personas que entramos en un proceso de revisión del año viejo y proyección del que vendrá, por lo que la renovación puede sentirse en el aire.

Tendemos a hacer listados de deseos y propósitos para el año que viene, pero a medida que avanzan los meses, éstos van perdiendo fuerza e importancia y comienzan a relativizarse. Si revisamos nuestros propósitos de años anteriores, podemos darnos cuenta de que tal vez son muchos los que no hemos concretado y, a veces no es sólo por falta de tiempo o de esfuerzo, sino más bien, porque no hemos tenido una base concreta para lograrlos. Con esto me refiero a que no basta con hacer planes, pues éstos deben estar construidos sobre bases firmes para que realmente funcionen.

El optimismo, las estrategias basadas en la psicología positiva, la visualización, los decretos y las co-creaciones, tan de moda hoy en día, pueden ser una ayuda excelente para alcanzar aquello que deseamos, sin embargo, si no existe detrás de ellas un proceso de sanación previo, sólo serán técnicas y ejercicios vacíos orientados a soñar sin hacernos cargo de aquellas cosas que no son tan positivas y evitando conectarnos con el dolor.

No hay nada de malo en el dolor, no existen las emociones negativas, pues todas tienen una función importante en nuestras vidas. Es necesario encontrarse con las sombras para iluminarnos, meternos en el barro para limpiarlo y entrar al caos para ordenarlo. Si no hacemos esto, la construcción de nuestro futuro será incongruente, estaremos intentando correr a toda velocidad en un suelo de barro resbaloso, implicando mayor esfuerzo y cansancio. Necesitamos entrar en nuestra negatividad, verla, conectarnos con ella, sufrirla si es necesario para luego aceptarla, sanarla e integrarla en nuestras narrativas para continuar con la construcción de nosotros/as mismos/as.

Para ello, y aprovechando estas fechas les propongo que hagan el siguiente ejercicio (que también puede ser realizado en el cumpleaños o en otra fecha que nos haga sentido como fin de ciclo e inicio de otro).

  1. Comiencen por buscar un espacio de tranquilidad (idealmente solos/as) y revisen sus agendas, semana por semana, mes a mes y vayan anotando los hechos y situaciones importantes del año. Las relaciones de pareja, de amistad o laborales que comenzaron y/o terminaron, las situaciones y experiencias difíciles que debieron afrontar, los cambios, viajes, decisiones, sucesos, pérdidas, etc. Todo aquello que ustedes sientan que puede haber sido importante.
  2. Luego construyan una tabla con 7 columnas y varias filas (de acuerdo al número de hitos que hayan encontrado). Les recomiendo que lo hagan en el computador para ir corrigiendo y para guardarlo y tenerlo a mano en cualquier situación.
  3. En la primera fila de la primera columna van a escribir “Hito” y, en las filas que vienen hacia abajo, van a ir poniendo uno a uno cada hito importante que hayan encontrado. Luego, en la primera fila hacia la derecha escriban en cada cuadrante; “¿Qué hice mal?”, “¿Qué hice bien?”, “¿Cómo me sentí?”, “¿Qué queda por sanar?”, “¿Cómo lo voy a sanar?”, “Aprendizajes y lecciones”.
  4. Luego, hacia abajo, vayan haciendo el análisis de cada uno de los hitos respondiendo cada una de las preguntas. No importa cuán extenso sea el análisis.

Es importante que sepan que para esto se requiere tiempo, pues dependiendo de lo intenso que haya sido el año, tal vez no sea posible hacerlo de una vez. Al mismo tiempo, resulta necesario revisarlo varias veces para ir agregando cosas.

No importa si queda algún espacio sin llenar, puede dejarse pendiente para ir completándolo en la medida que vaya apareciendo la información en la consciencia. Por ejemplo, puede que resulte difícil en un principio saber cómo voy a sanar aquello que está aún dañado, pero podemos ir buscando información y respuestas para luego escribirlo y transformarlo en un propósito.

Es muy relevante darle énfasis a lo que queda por sanar, pues esto puede configurarse como el empujón que necesitamos para hacer un cambio, para comenzar una psicoterapia u otro proceso de sanación, dándonos información acerca de lo que se necesita abordar. En este sentido, la psicoterapia puede transformarse en un camino de cambio profundo, al poder hacer conscientes nuestros puntos ciegos con la ayuda de un especialista estratégicamente orientado con el que estableceremos un vínculo especial, de confianza y aceptación incondicional, que no se parece a ningún otro.

Los aprendizajes y lecciones son cosas que debemos grabarnos a fuego para tenerlos en consideración al momento de tener que afrontar situaciones en las que necesitemos poner en práctica lo aprendido. Además, en la medida que vayamos avanzando en nuestro auto-conocimiento, podemos ir anotando más cosas. Este se configurará como un documento de alta importancia, que debe ser consultado y revisado cada cierto tiempo para no retroceder en lo avanzado.

Los/as invito entonces a hacer este ejercicio a consciencia, para que sea terapéutico, sanador, y pueda ayudarlos a sentar las bases para generar propósitos que vayan de acuerdo con su nivel evolutivo y de desarrollo personal.

Chile tira la primera piedra…

Una sociedad que enjuicia con liviandad

A partir del suceso acaecido el fin de semana pasado en el Zoológico de Santiago fue posible ver, una vez más, cómo la sociedad chilena utiliza las redes sociales para dar su opinión en relación a temas que involucran a personas con nombre y apellido con una liviandad inconcebible.

Facebook y twitter, principalmente, nos hacen creer que tenemos una especie de palestra desde la cual podemos sentirnos libres de pontificar acerca de cualquier temática enjuiciando al resto, como si conociéramos los pormenores de cada situación y como si estuviésemos “libres de polvo y paja”.

La personas tendemos a generar opiniones casi inmediatas acerca de las cosas, debido a que nuestro cerebro está programado para categorizar de manera casi automática las situaciones, como mecanismo de supervivencia. Sin embargo, en la actualidad, sabemos que podemos entrenar a nuestra mente para generar un espacio entre la percepción y la acción. En este sentido, podemos ver que hay personas más impulsivas o “con una autoestima fuera de serie” que sienten que tienen derecho a plasmar sus duros y apresurados juicios en espacios públicos (redes sociales u otros), y otros que tienen un sentido del humor y una creatividad tal, que logran hacer memes hasta de las situaciones más desafortunadas. Por suerte para mí, la vida se ha encargado de enseñarme que detrás de cada suceso, hay una situación que puede explicar (y no en todos los casos justificar), en cierta medida al menos, el modo en que las cosas ocurren.

Una vez, trabajando en un conocido hospital de Santiago, los médicos encargados de una Unidad para la que yo no trabajaba, me pidieron a modo de favor que visitara a una anciana que estaba postrada y abandonada hacía cinco meses para ver si era posible contactar a su familia para que se hiciera cargo de ella o, al menos, recibiera alguna visita. Al conversar con ella, compartió conmigo su triste historia. Era madre de 3 hijos a los que había criado con mucho esfuerzo y dedicación y ninguno de ellos siquiera la había visitado una vez en cinco meses. Inmediatamente, con mucha tristeza y con bastante rabia por la “falta de humanidad y la ingratitud” de sus hijos, conseguí los datos de la mayor de ellos e hice contacto telefónico. Agradezco haber sido cautelosa, a pesar de la corta trayectoria profesional que tenía hasta el momento, pues lo que siguió, constituyó para mí una lección que nunca olvidaré. Su hija fue a conversar conmigo al hospital unos días después y me explicó, con mucho dolor, por qué ninguno de los tres la visitaba.  Al menos ella, no podía superar ni perdonar a su madre por haberla violentado física y psicológicamente desde su más tierna infancia, habiéndola sometido además a abusos por parte de sus vecinos, ya que desde los seis años “la arrendaba” a cambio de dinero y comida. Debido a lo que en ciencias sociales llamamos “factores de resiliencia”, ella había salido adelante, tenía una buena familia y estaba en ese momento estudiando en un instituto profesional. Todos hablaban de la pobre señora y de sus “malditos hijos”, sin conocer la historia que había detrás, pero yo tuve la oportunidad de entender el contexto. Pienso que tal vez, de haber conocido la historia de la madre, también hubiera accedido a una vida llena de dolor, pobreza y violencia, pero nunca lo sabré. Me sentí muy culpable de todo lo que pensé acerca de esta familia y eso me ayudó a tomar consciencia de que debo ser cuidadosa con lo que pienso y con lo que digo, aunque claramente no siempre funciona pues, como todos, debo continuar trabajando en mí, en muchos aspectos.

He sido terapeuta de víctimas, de potenciales victimarios y de culpables también y debo decir que la mayoría sufre por su condición. Pero hoy resuenan en mi interior, dos personas a las que atiendo actualmente en psicoterapia, que han sido víctimas del escrutinio y del juicio público; uno a mayor escala que el otro, pero que, en definitiva, han visto amenazado su nombre, su reputación, su integridad física y psicológica y la de sus familias al ser expuestas y enjuiciadas en redes sociales, en comunidades completas y, en uno de los casos, en los medios de comunicación con una liviandad digna de comedia absurda.

Desde esa perspectiva es posible ver cómo las personas, comunidades de todo tipo y los periodistas y panelistas de programas masivos no se cansan de calificar y sentenciar a los acusados con nombre, apellido, rostro y familia, a partir de la más mínima información con la que cuenten. Y, si ponemos atención, podemos notar también, como a medida que aparecen más datos, las opiniones de estos mismos comienzan a moderarse, no obstante, el daño ya está hecho.

¿Alguno de ustedes se ha puesto a pensar en cuántas son las personas que cargan con la cruz de aparecer en Google por falsas acusaciones? ¿Cuántos de ellos no cuentan con los medios económicos o con las condiciones emocionales para defenderse adecuadamente en casos como estos y que, por su silencio, siguen apareciendo como culpables? Ellos han sufrido en un principio el miedo a ser apedreados, escupidos o atacados por la gente. Temen ser despedidos de sus trabajos, que a sus hijos los echen del colegio o ser marginados de las redes a las que pertenecen. Lamentablemente, a lo largo de sus vidas, si no integran sanamente el trauma, tal vez seguirán teniendo temor cada vez que postulen a un nuevo trabajo o conozcan personas nuevas, pues si se busca su nombre en Google, la historia por la que fueron vilipendiados vuelve a hacerse presente y el escrutinio y la desconfianza también. Cada cierto tiempo y, tal vez durante toda su vida deberán dar explicaciones por una historia que fue mal contada.

Y, en relación con el caso que abrió este tema, debo decir que más allá de las opiniones que la mayoría compartimos, en relación con la necesidad de cambiar los zoológicos por espacios de protección y rehabilitación de animales o de la responsabilidad que tienen o no las personas privadas de cordura, en el caso del joven y los leones, se hablaron muchas cosas sin filtro alguno. Se enjuició al personal del zoológico, hubo personas en Facebook que decían que si el sujeto era loco, alcohólico o si estaba drogado, daba lo mismo, que no merecía vivir. Se hicieron “memes” en los que la gente se burlaba del hombre que, según se supo más tarde, no intentaba suicidarse, sino que estaba actuando a partir de un delirio mesiánico producto de un trastorno psiquiátrico.

No quiero decir con esto que todo acto en la vida debe ser justificado y que, si nos fuéramos a revisar todos los contextos, nadie sería responsable de nada. Tampoco digo que no sea bueno tener opinión. Solamente busco generar un interés por esperar un poco y ser cautelosos antes de emitir opiniones en público, cuidarse de evaluar a partir de los sesgos personales y tener compasión por quienes, por una razón u otra, están siendo expuestos al escrutinio público. También quiero plasmar a fuego en mi memoria, la necesidad de estar atenta a mis propios juicios.

En este caso, ojalá podamos tener compasión tanto por los leones, como por la persona y su familia. Que el animalismo, el humanismo y cualquier “ismo” al que adscribamos no nos haga perder el respeto por ninguna clase de ser viviente. Dejemos también a un lado la palabra “repudio”, tan violenta y manoseada en los últimos años.

Con este tipo de sucesos pienso que tal vez no somos una sociedad tan diferente, como pensamos, de la que crucificaba a sus delincuentes o de la que disfrutaba de las luchas en el Coliseo Romano, donde morían “gladiadores y bestias”. Quizás simplemente nuestros castigos y torturas se han vuelto más sofisticadas.

Tengamos compasión con nosotros también, y veamos claramente con amabilidad y con intención de cambiar, que aun no somos capaces de distanciarnos de los prejuicios ni de ver las consecuencias de nuestros actos. No nos olvidemos que cualquiera puede ser víctima de una acusación que lo ponga en tela de juicio como victimario, asesino, estafador o abusador, aunque sea por algunas horas, sin que realmente lo seamos. Tengamos en cuenta que en nuestros tiempos basta con una mera denuncia pública, para ser sindicado como culpable. Si bien ante la ley “todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario”, en los medios y en la sociedad actual, al parecer ocurre todo lo contrario.

 

¿CÓMO SOBRELLEVAR LA FRUSTRACIÓN? 10 consejos para ayudarte a hacerlo

 

La frustración es una emoción compleja que todos experimentamos, que mezcla rabia, tristeza y angustia, y tal vez incluso, en ocasiones, vergüenza. En general, estos sentimientos de frustración se repiten a lo largo de nuestra vida personal, familiar, social y profesional, sea cual sea nuestra ocupación. Todos, hasta los grandes científicos, los grandes artistas de todas las áreas, y todos nuestros “ídolos”, si es que los tenemos, han pasado por muchos momentos de frustración.

Desde nuestra más tierna edad comenzamos a sentir frustración. Las primeras tienen relación con no poder tener aquello que deseamos, porque algo nos sale mal o porque no logramos conseguir alguna pequeña o gran meta.

Son muchas las frustraciones infantiles, algunas comienzan a aparecer de manera natural, asociadas con el carácter, y otras se van forjando en la interacción con los adultos, quienes, a través de sus reacciones, van formando nuestras primeras nociones acerca de qué cosas resultan frustrantes y cómo reaccionar ante dichas frustraciones.

A medida que vamos creciendo, las situaciones que, potencialmente pueden generarnos frustración, van volviéndose cada vez más complejas, a pesar de que las reacciones emocionales probablemente sean menos visibles a los ojos de los demás, los  llantos y pataletas, idealmente van disminuyendo con el tiempo.

Podríamos decir que los fracasos son la principal fuente de nuestras frustraciones o, más bien dicho, aquello que nosotros consideramos o percibimos como un fracaso. Pues somos nosotros quienes le damos la connotación positiva o negativa a las experiencias. En esta sociedad en la que la competitividad y la búsqueda de la “perfección” son altamente valoradas, ésta se ha tornado una de las emociones más frecuentes en todas las áreas de nuestras vidas, transformándose en un círculo vicioso del que es muy difícil salir, pues genera malestar y desmotivación y, consecuentemente aumenta las posibilidades de que nos estanquemos o volvamos a cometer errores y a sufrir por ellos.Aproblemado

Puesto que la frustración, en cualquier ámbito, va a acompañarte en mayor o menor medida, en todos los ámbitos de tu vida, es necesario que tengas en consideración estos consejos:

  1. La frustración se debe “manejar”, no “controlar”: En la medida que seamos conscientes de nuestras emociones y las aceptemos como tales, resulta más fácil observar, sin hacer juicios, cuál es la actitud que estamos tomando frente a la situación que la gatilla y podremos afrontarla de manera más sana y adaptativa.
  2. No todas las situaciones en las que no se logren los objetivos deben considerarse como frustraciones: Todo depende del significado que tú le des. Si magnificas la situación o los resultados de ésta, claramente te sentirás muy mal, probablemente sientas rabia, tristeza o vergüenza y termines por desanimarte por un momento o, por un largo período. En cambio, si logras ver con mayor distancia la situación, podrás darte cuenta de que probablemente existen muchas formas de solucionar el asunto, de mejorar la próxima vez o de obtener aprendizajes. Y, si en realidad, ninguna de estas posibilidades es viable, tal vez, debes darte permiso para vivir y experimentar la situación por un período acotado y luego buscar la forma de mejorar tu estado de ánimo y seguir adelante.
  3. La frustración puede transformarse en un problema o en una aliada: Puedes sufrir tras una experiencia de fracaso por largo tiempo o puede tomar la actitud de analizar qué cosas y qué actitudes debes mejorar. Observar la frustración te permitirá ser consciente de cuan resiliente eres y de cuáles son las cosas que debes trabajar en ti mismo para otorgarle a los errores o dificultades la importancia que real y objetivamente se merecen.
  4. No evites de frustración: Pues mientras no logres un cambio en la forma de ver la vida o de ser-en-el-mundo, ésta llegará sí o sí en algún instante. Hay personas que son tan autoexigentes quesiempre están pensando que podrían haberlo hecho mejor a pesar de sus éxitos. Es muy probable que, en la vida, muchas cosas no resulten de manera perfecta; en esos momentos, cuando sientas la presencia de la frustración, sé consiente de ella, obsérvala en tercera persona, con distancia y luego úsala a tu favor, transformándola en motivación, preguntándote cuáles fueron los errores que cometiste y cuáles pueden haber sido sus causas; es importante que esto lo hagas sin recriminarte. Posteriormente, debes pensar en la gran oportunidad que tienes de saber de qué manera y en qué cosas debes trabajar con mayor dedicación para superarte.
  5. Prioriza y no intentes abarcarlo todo: Para evitar frustrarnos, debemos entender que “el que mucho abarca, poco aprieta”, es decir, que no podemos hacernos cargo de todo a la vez. Esto implica que debemos priorizar lo que realmente amerita un mayor esfuerzo y conformarnos con los resultados del resto de los asuntos si no hemos tenido las condiciones adecuadas para cumplir al 100% con todo.
  6. Limita tus objetivos al corto plazo: Si bien debemos tener claro cuál es nuestro objetivo “final”, es necesario tener en consideración que para alcanzarlo, debemos cumplir con diferentes etapas previas. Por eso, es bueno ponerse objetivos a corto plazo, que se orienten lógicamente a alcanzar lo que queremos al final. De esta manera entenderemos que un error, no implica el final de todo, ni amerita una renuncia a nuestros sueños, sino más bien, una muestra de que algo debe ser revisado. En caso contrario, si somos capaces de ir cumpliendo exitosamente nuestros objetivos a corto plazo, nuestra autoeficacia, que es la confianza que tenemos en nuestra propia capacidad de hacer las cosas aumentará y, con ella, nuestra motivación y entusiasmo.
  7. Se consciente de lo que te motiva y utilízalo: Considerando todo aquello que te motiva para seguir adelante, tendrás la orientación necesaria para planificarte a la consecución de tus objetivos. Si la actividad fuente de frustración no es en sí misma motivante, ten en cuenta que, probablemente es un medio para conseguir aquello que realmente quieres; eso ya lo hace estimulante. Rodéate de personas, genera situaciones y experiencias que te hagan valorar aún más lo que estás haciendo, busca lo positivo dentro de aquello que puede parecer negativo e intenta bloquear el rechazo que puedes sentir por algunos aspectos de tu actividad. Concéntrate en aquello que te genera fuerza para seguir.
  8. Valora lo conseguido: En el nivel que estés, mira hacia atrás y valora lo que has avanzado. No te compares con los ritmos y tiempos del resto, hay personas que son muy rápidas y otras que son como “árboles de frutos tardíos”, que se demoran un poco más en sentar una base firme, pero que posteriormente dan los frutos más grandes y dulces. Apréciate y valora cada logro mientras continúes mejorándote.
  9. Desarrolla tu estilo y pon un sello personal en lo que haces: No intentes ser como tu profesor, como tu ídolo o como tus pares a los que admiras. Simplemente sé tú, cumple con lo que se te pide, pero pon siempre algo de ti en lo que haces. En la medida que vayas avanzando y validándote en el medio en que te estés desempeñando habrá cada vez más espacio para innovar, aunque sea sólo en un tema de actitud. Aprópiate de lo que haces y así, te liberarás de la frustración de no dar lo que otros esperan o de no hacer las cosas como tal o cual persona.Toda la vida estaremos expuestos a la posibilidad de sentir frustración, pues cada experiencia trae consigo la posibilidad de tener fracasos o cometer errores. Sin embargo, si asumes la frustración como una emoción más en tu vida y dejas de evitarla o rechazarla, ésta se hará más familiar, más fácil de reconocer, te permitirá aprender de cada experiencia y superarte. En la medida que pongas  Frustracion3en práctica estos consejos, podrás lograr que la frustración sea cada vez menor en tiempo e intensidad.Comparte esta información con quienes crees que puedan necesitarla.

 

Dejar de fumar, claves para conseguirlo

Psicología a puertas abiertas

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Cuántas veces hemos dicho -o escuchado a alguien decir- “en tal fecha dejo de fumar”. Generalmente las fechas escogidas son simbólicas y tienen relación con cumpleaños, fiestas, cambios de estación, etc. Y, si bien este es un excelente propósito, tiende a ser difícil de cumplir, ya que exige mucha fuerza de voluntad.

Cabe señalar que el cambio de una conducta tan enraizada como fumar, debe considerarse como resultado de un proceso en el que se atraviesa por diferentes etapas y que requiere tiempo, motivación y desarrollo de habilidades que permitan superar la adicción.

Para ayudar a quienes ya se encuentren listos a asumir el desafío de dejar de fumar, aquí van algunos consejos útiles y prácticos:

  1. Fije una fecha cercana y definitiva para dejar de fumar y cuéntele a su familia, amigos y compañeros de trabajo acerca de su propósito.
  2. Haga una lista de las razones por las que quiere…

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Cómo identificar un brote psicótico y claves para auxiliar a quien la padece

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¿Qué es un brote psicótico y cómo identificarlo?[1]

Podríamos definir un brote psicótico como un quiebre temporal con la realidad tal y cómo la conocemos, debido a un desequilibrio neuroquímico en el cerebro que puede ser causado por factores orgánicos o psíquicos; tales como una fuente de estrés potente y constante en el tiempo, el consumo de alguna droga o una enfermedad mental.

Durante un brote psicótico, el juicio de realidad del sujeto (el criterio que hace que tengamos acuerdos acerca de la realidad común en la que vivimos) se ve alterado, impidiéndole funcionar de manera adecuada con su entorno. Es frecuente que durante un brote psicótico, el equipo tratante, la familia, el propio paciente o todos en conjunto decidan que la mejor alternativa sea internar a la persona en una institución de salud mental para que reciba tratamiento médico hasta que el brote desaparezca, de modo que sea posible protegerlo a él y a su entorno del peligro que puede implicar un episodio de este tipo.

La duración de un brote psicótico puede ir desde horas, a días, semanas o meses, no obstante, con el tratamiento médico apropiado, la persona tiende a estabilizarse y volver a su funcionamiento cotidiano. Sin embargo, si  los síntomas y los brotes persisten, entonces la vida de la persona puede verse afectada de manera permanente.

Cabe aclarar que no siempre un brote psicótico es sinónimo de esquizofrenia, existen algunos episodios aislados que no vuelven a aparecer y otros causados por enfermedades concomitantes. En la práctica clínica es común esperar a que una persona tenga más de un brote antes de considerar el diagnóstico de una enfermedad psiquiátrica.

Cuando se trata de una enfermedad como la esquizofrenia, en muy raras ocasiones, la persona afectada pierde repentinamente el control total de su mente, sus emociones y/o comportamiento. Generalmente, la familia o los amigos cercanos al afectado pueden observar con cierta anticipación algunos indicadores de una posible crisis; tales como falta de sueño, rituales, una elevada suspicacia, cambios abruptos de ánimo, explosiones inesperadas de agresividad, interpretaciones e ideas extrañas, descuido en la apariencia, en los hábitos de higiene, aislamiento social, comportamiento desorganizado, inusual o sin sentido aparente, etc. Durante estas fases primarias  a veces se puede prevenir una crisis total, consultando a tiempo con un psiquiatra.

Algunos signos característicos a las crisis psicóticas corresponden a fuertes reacciones emocionales de cualquier tipo, conducta o apariencia extravagantes, gritos o mutismo, lenguaje desorganizado, actitudes catatónicas, paranoia, alteraciones de la memoria reciente, confusión, miedo, delirios (alteraciones del pensamiento, como por ejemplo las ideas paranoides, persecutorias o megalomaníacas), alucinaciones de cualquier tipo (percepciones visuales, auditivas, olfativas, táctiles o gustativas de estímulos que no están presentes en la realidad). En general, comportamientos ilógicos, desorganizados o riesgosos que se encuentren fuera de lo que comúnmente una persona haría.

Es muy importante tener en consideración que, durante una crisis psicótica probablemente la persona afectada se siente aterrada por haber perdido el control mental y emocional. Durante los estados de crisis, el afectado puede escuchar voces, percibir que los otros leen sus pensamientos, interpretar malas intenciones en los demás o ser víctima de otros fenómenos alucinatorios o delirios y puede tratar de “actuar” de acuerdo a ellos, poniendo en riesgo a los demás y a sí mismo. Por esta razón, es muy importante saber cómo actuar en estos casos.

 ¿Qué hacer para auxiliar a una persona durante una crisis psicótica?

The nation’s voice of mental illness (NAMI), propone[2]:

  • Mantener la calma, sin amenazar ni gritar al afectado, usando frases sencillas con tono pausado y claro.
  • Tratar de estar acompañado/a, que haya por lo menos dos personas con el sujeto en crisis. Si es necesario, una de estas personas debe llamar a un familiar o al profesional de salud mental designado (en caso de que exista),  mientras que la otra debe permanecer con el paciente.
  • No discutir con las demás personas presentes sobre las “mejores estrategias” para resolver la situación o sobre cuál es la causa o quién es el culpable de lo que está sucediendo. Este no es el momento apropiado.
  • Si el afectado está sentado, la persona que lo esté auxiliando no debe ponerse de pie  frente a él. Debe sentarse también, cerca de él pero evitando el contacto visual directo y sin tocarle, procurando conceder lo que la persona pida, siempre que no sea peligroso o irracional.
  • Es recomendable situarse entre el afectado y la salida pero sin bloquear el acceso a la puerta, para que no perciba que se le está encerrando.
  • Es fundamental comunicarse con la familia para que ellos puedan orientar a quien esté ayudando acerca de las mejores estrategias para tratarlo, mientras ellos llegan a buscarlo. Se debe recalcar la necesidad de que la familia tome las medidas correspondientes en relación a su tratamiento y/o necesidad de internación.
  • Si la situación sobrepasa las posibilidades de quienes están manejando la situación[3] y es necesario llamar a carabineros, se les debe explicar con mucha claridad  que la persona está pasando por una crisis psiquiátrica, que no se trata de un delincuente  y que se les ha llamado para que ayuden. Si contamos con información, es importante hacer saber a carabineros si el afectado anteriormente ha estado hospitalizado y si tiene o no acceso a armas. En estos casos, siempre que se actúe con prudencia y se notifique sin exageraciones, es aconsejable poner la situación en conocimiento de la policía simplemente como medida cautelar, manteniéndose como observador a la espera de que personal cualificado llegue.

[1] https://acepsa.wordpress.com/manual-practico-de-actuacion-ante-un-brote-psicotico/

[2] http://www2.nami.org/Template.cfm?Section=NAMI_en_espa%C3%B1ol&Template=/ContentManagement/ContentDisplay.cfm&ContentID=25943

[3] Por ejemplo si la persona en crisis se vuelve violenta o está implicada en alguna agresión o delito de sangre (no olvidar que sus capacidades intelectivas y volitivas están disminuidas).

Salud mental y educación en Chile

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Las enfermedades mentales, de acuerdo a estadísticas de la OMS (2014), son una de las principales causas de discapacidad en el mundo, siendo en muchas zonas el problema sanitario y social de mayor importancia.

En Chile, aproximadamente una de cada tres personas sufre problemas de salud mental en algún momento de su vida. Santiago encabeza las capitales con mayor número de trastornos ansiosos y depresivos en el mundo, condición que se traduce en  un vasto incremento en el consumo de psicotrópicos. Chile, además es el país de la OCDE en el que más ha aumentado la tasa de suicidio (sólo después de Corea del Sur) y, durante los últimos años se ha observado un incremento importante de patologías mentales en niños, jóvenes y adultos jóvenes[1]. Contradictoriamente con estos datos, la salud mental es el área que se encuentra más precarizada en nuestro sistema. Si bien el porcentaje de recursos del fondo de salud destinado a salud mental ha aumentado en los últimos años (en 1999 era de 1,2%, mientras que en 2004 fue de 2,14%, ubicándose actualmente cerca del 3%), aún no ha aumentado suficiente en relación a la importancia que tienen los problemas de salud mental en el país. Todo indica que en Chile nos encontramos en un proceso de transición epidemiológica propio de los países en desarrollo. “Una de las hipótesis básicas de la epidemiología social es que la absorción de las tensiones que aparecen en los procesos de modernización y crecimiento económico, están asociadas a la aparición de trastornos emocionales y de síntomas psiquiátricos y psicosomáticos[2]”.

Las instituciones educacionales no están ajenas a este problema, pues trabajan principalmente con niños en pleno desarrollo, muy permeables a la influencia externa y con jóvenes que se encuentran en una etapa evolutiva en la que con mayor frecuencia se gatillan los brotes psicóticos y se manifiestan otras patologías emocionales y/o mentales. Las demandas de adaptación a las nuevas exigencias, el escaso autocuidado, el estrés mal manejado, el abuso de alcohol y drogas y, en algunos casos, las condiciones genéticas, pueden facilitar el surgimiento de crisis y patologías de esta índole.

Uno de los problemas que enfrentan quienes sufren patologías mentales/emocionales, es el desconocimiento y la falta de consideración de estas condiciones como enfermedades reales al no ser evidentes a simple vista u objetivables a través de exámenes o pruebas científicas duras. Aun hay quienes piensan que superar una depresión es sólo un tema de voluntad y que las crisis de pánico son meras manipulaciones. También existen creencias erróneas que llevan a la discriminación, como pensar que un esquizofrénico o un bipolar no pueden llevar una vida normal. Todo esto acrecienta el sufrimiento, el aislamiento o, en ocasiones la vergüenza absolutamente improcedente de quienes padecen algún tipo de trastorno de esta índole, intentando ocultar su condición y, de esa manera, en ocasiones, limitando las posibilidades de la comunidad de socorrerlos en caso de crisis.

En los proyectos de integración de personas con capacidades diferentes, debe incluirse también a quienes padecen de algún tipo de trastorno mental, pues la mayoría son absolutamente compatibles con el estudio, el trabajo, la vida familiar y en sociedad.

[1] http://ciperchile.cl/2012/09/26/salud-mental-en-chile-la-otra-cara-del-malestar-social/

[2] Álvaro Jiménez Molina y Esteban Radiszcz. http://ciperchile.cl/2012/09/26/salud-mental-en-chile-la-otra-cara-del-malestar-social/

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